21 sept 2012

Ella no sabe quién soy yo...






Un hombre de cierta edad vino a la clínica donde yo trabajo para hacerse curar una herida en la mano. Tenía bastante prisa, y mientras se curaba le pregunté qué era eso tan urgente que tenía que hacer.



Me dijo que tenía que ir a una residencia de ancianos para desayunar con su mujer que vivía allí.
Me contó que llevaba algún tiempo en ese lugar y que tenía un Alzheimer muy avanzado.

Mientras acababa de vendar la herida, le pregunté si ella se alarmaría en caso de que él llegara tarde esa mañana.

-No, me dijo. Ella ya no sabe quién soy. Hace ya casi cinco años que no me reconoce.
Entonces le pregunté extrañado. -



Y si ya no sabe quién es usted ¿por qué esa necesidad de estar con ella todas las mañanas?

Me sonrió y dándome una palmadita en la mano me dijo:

 -"Ella no sabe quién soy yo, pero yo todavía sé muy bien quién es ella".



Tuve que contenerme las lágrimas mientras salía y pensé:

Esa es la clase de amor que quiero para mi vida.
El verdadero amor no se reduce a lo físico ni a lo romántico. El verdadero amor es la aceptación de todo lo que el otro es, de lo que ha sido, de lo que será ...







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1 sept 2012

Que la muerte te acompañe.





Seamos sinceros, la tolerancia está sobrevalorada. Llevada al extremo, es la peor clase de indiferencia. La que incluye unas gotas de hipocresía y varios kilos de desafección. Si lo toleras todo, eso es que nadie te importa. Y no hay NADA más detestable que la indolencia vital.




Además, tolerar es decir sí a la diferencia. Y a lo largo de mi vida he ido comprobando que, contrariamente a lo que me enseñaron de pequeño, la gente es muchísimo más feliz si puede decir que no, ya sea a la diferencia, a la similitud o a cualquier cosa. Me di cuenta de que, si de verdad quería hacer feliz a los demás tenía que darles la oportunidad de darme un no por respuesta y la manera mas efectiva de conseguirlo era pedir siempre más de lo que en un principio me concedían.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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